"A medida que avanzo con quietud, percibo el aroma de la tierra, pequeñas plantas aun sin nacer viven dentro de la simetría de la naturaleza, Yo me deslizo entre ellas con reverencia y planto mi espíritu en zurcos de silencio"

Filosofía Zen, Canto a la naturaleza

Desde los inicios de los tiempos, se ha considerado a la tierra como fuente de sostenimiento, la observación ha sido la base del conocimiento, y el secreto profundo de un Jardín Zen reside precisamente en la contemplación. Pocas veces nos detenemos a observar los detalles de lo que nos rodea, generalmente pasamos y vemos, pero no observamos con detenimiento las cosas, debido a la gran inquietud que crea la vida, la incertidumbre de hacia donde vamos, que somos, por que estamos. Al enfrentarnos a la gran responsabilidad de sobrevivir, dejamos muchas veces pasar los pequeños detalles que pueden hacer mas placentera nuestra estancia en este planeta.

La filosofía Zen tiene como objetivo, la expansion de nuestra conciencia, aparentemente no existe porque no se puede tocar, pero existe en realidad. El hombre físicamente camina en el elemento del tiempo, pero en ocasiones es como si atravesara un espeso lodo, que le hace arrastrar sus pies. El Zen nos enseña que debemos de comprometernos y reconocer los pasos que nos llevan a progresar hacia un entendimiento que nos acerca a la supuesta distante iluminación.

A través del diario vivir, creemos que estamos buscando algo en particular, pero esto es solamente ilusoria separación de la naturaleza verdadera, que no nos permite encontrar nuestra esencia real. Dentro de la confusión de los sentidos físicos, se pierde muchas veces la ruta, y se encuentran muchas encrucijadas y atajos, pero no sabemos cual es el mejor para elegir, la avaricia y el miedo, lo bueno y lo malo se mezclan.

Cuando nos tomamos un espacio de tiempo para meditar, podemos aprender de las enseñanzas, nos permite ver claro las huellas de nuestro camino, las herramientas que tenemos y nos damos cuenta que hemos discriminado. Cuando escuchamos nuestra voz interior, podemos percibir nuestra esencia, aquí es donde nuestros sentidos internos se fusionan y podemos atravesar el umbral, para darnos cuenta de lo que no percibíamos antes, pero estaba frente a nosotros todo el tiempo.

Generalmente vemos parcialmente, omitimos el resto de los componentes, porque la mente esta divagando en muchas cosas, se comporta en forma necia o arrogante, cuando un pensamiento llega, otro surge inmediatamente, y a través de la ilusión creemos en una realidad parcial, esta ilusión se deriva de la objetividad, sin tomar en cuenta la subjetividad.

El Jardín Zen representa el camino de la vida, constantemente lleno de cambios, diversos zurcos, altas y bajas, tropiezos y obstáculos, brillo y obscuridad, sombra y luz. El Jardín Zen se compone de varios elementos:

Tierra - arena Representa la plataforma sobre la cual existimos, se considera como un elemento que absorbe, recicla y transmuta la energía a través de su magnetismo. Al contar con este elemento en los lugares, nos ayuda a neutralizar las frecuencias nocivas, todos los pensamientos, emociones, actitudes, o energía negativa se transmutan, creando un ambiente de tranquilidad y serenidad.

Rocas Las piedras representan los obstáculos y tropiezos que enfrentamos a lo largo de nuestra existencia. Sin importar que tan grandes o pequeños son, siempre nos van dejando una enseñanza. Nada pasa por casualidad, todo tiene un motivo, de causa y efecto. No debemos sentirnos culpables por los errores, los fracasos o las caídas, ya sin éstos no podríamos crecer como individuos. Las rocas simbolizan las experiencias y los peldaños que avanzamos en nuestra vida.

Cristales de cuarzo Los cuarzos son seres vivientes de la tierra, que por su cualidad especial permiten recibir, almacenar, transmitir, energía positiva. En el Jardín Zen, los cristales se programan para que actúen como generadores permanentes de energia, ayudando a crear una sensación de armonía y equilibrio en los espacios. La transparencia del cristal revela la luz del entendimiento, ya que al ser transparente muestra la sencillez, la humildad y la modestia.

Las conchas o caracoles Representan el contacto con el mar, nuestra mente al observarlos recuerda la tranquilidad y la paz que se percibe al estar cerca de los océanos, esta es la serenidad que buscamos, interna y externa.

A través del Jardín Zen podemos reproducir el principio fundamental de la vida, valorar la oportunidad de existir, representa la secuencia de los pasos que llevan a la realización de algo y su verdadera naturaleza. Cuando contemplamos algo, tenemos la oportunidad de profundizar, y ver las formas de integración y desintegración.

La belleza de un Jardín Zen es invisible, porque solo se revela cuando observamos en silencio, meditando en nuestro interior, la relación que cada objeto tiene, las figuras que se van formando, los elementos que se integran. La mente cesa de estar limitada, comienza la búsqueda de entendimiento, captamos el complemento oculto, disipamos los velos del ensueño, abrimos la puerta a la imaginación, dejando que los objetos de la naturaleza nos revelen lo que queremos expresar.

Como trabaja el Jardín Zen

El Jardín Zen nos da la oportunidad de cambiar constantemente, a través de las formas. Las 8 rocas representan los 8 senderos de la sabiduría, por los que el ser humano tiene que atravesar para llegar a la iluminación. Estos senderos se interpretarían como:

1) Fuerza de voluntad - Para todo lo que necesitamos hacer, requerimos esta fuerza de donde emanan las ideas, los objetivos, las metas.

2) Misericordia - En todos nuestros actos y pensamientos

3) Creación - Llevar a cabo las cosas sin dejarlas a medias, no quedarse en el hubiera, sino tener la satisfacción de hacer el intento.

4) Belleza - Seguir el ejemplo de la naturaleza y las cualidades del equilibrio percibir la belleza interna tanto como la externa

5) Tolerancia - Ser benevolente en los juicios, utilizar la paciencia y el respeto hacia todo lo existente.

6) Perdón - No guardar rencores, comprender que cada quien tiene su etapa de evolución, nadie es perfecto.

7) Formación - Normar nuestro criterio, aprendiendo de todo lo que se nos presenta, estar atentos y abiertos para recibir los mensajes.

8) Conocimiento- Actuar con humildad, nunca se sabe suficiente, el verdadero maestro comprende que la sabiduría no lo es todo.

Una vez que se recorren estos senderos, se llega al noveno, representado por el cuarzo que refleja la luz del entendimiento. No basta tener sabiduría ó conocimiento, se requiere entendimiento para llegar a la iluminación. Generalmente esta piedra, roca o mineral se esconde dentro de la arena para que sea encontrada con la fuerza del espíritu o el alma, que es luz, energia pura.

Estas nueve puertas son las que tenemos que abrir cuando hacemos una introspección, cuando buscamos verdaderamente en nuestro interior en qué etapa nos encontramos, cómo hemos guiado nuestros actos.

El Jardín Zen nos permite descansar a nuestra mente, concentrarla en un solo punto, tranquilizar la ansiedad, la angustia y los miedos. Podemos cambiar su forma infinidad de veces, retirando las rocas, alisando la arena, colocando nuevamente los elementos, y trazando los zurcos que representaran nuevas oportunidades para continuar en nuestro sendero. Resulta muy ameno, cautivante, relajante. Resulta ser una herramienta de terapia, al mismo tiempo que es una expresion profunda de nuestro arte. Nos da la oportunidad de renovarnos con cada experiencia. El Jardín Zen es un reflejo de nuestro Jardín Interior, en la búsqueda de la imagen del equilibrio, la armonía y la paz interna.

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